Gardel en Punilla: cuando el "Zorzal" filmó Flor de Durazno
Gardel en Punilla: cuando el "Zorzal" filmó Flor de Durazno
Gardel en Punilla: cuando el "Zorzal" filmó Flor de Durazno

Gardel en Punilla: cuando el "Zorzal" filmó Flor de Durazno

Por Rubén Omar Scollo

 

Carlos Gardel (o Carlos Gardés, según cuentan los registros del apellido de su madre, que era el que él llevaba), apodado “El morocho del Abasto”, “El zorzal criollo”, ha sido sin dudas, el mayor exponente del tango mundial. Algunos sostienen que el uruguayo “aporteñado” Julio Sosa, quizá haya sido superior debido a un registro de voz algo más varonil. Otros son y fueron amantes de Goyeneche (“el polaco”).

Claro está que ese género musical tan distintivo del Río de la Plata y de otros sectores de la Argentina (cabe recordar que la ciudad de La Falda desde hace tiempo, lleva el mote  de “La capital nacional del tango”); están emparentados tanto por el canto como con esos pasos de baile repletos de sensualidad y ciertamente destacados hasta en Hollywood. Y en una de esas  películas;  intervino en “Perfume de mujer”  Al Pacino, quien interpreta a un coronel ciego peleado con la sociedad, que en un pasaje del film baila con destreza limitada, uno de los tangos característicos. Por otra parte, otros tangos fueron centro de la filmografía europea.

Si hasta el propio “Mudo” participó en films en Argentina, los Estados Unidos y Europa, expresando y aportando sus virtudes de gran cantor popular, aunadas a una actuación aceptable. “Rubias de  New York”, “Anclado en París”, “Por una cabeza”   son algunos de esos éxitos de entonces que lo vio a Gardel lucirse y lo catapultó a la fama internacional.

Y el nacido en Francia, exactamente en Toulouse (de acuerdo a los datos más precisos), hizo gala de un porteño canchero y compadrito, buen amante y “burrero”. Pero lo lindo, emotivo de toda esta síntesis biográfica e histórica de un ícono de la música popular fue que actuó en uno de sus grandes éxitos, en la provincia de Córdoba. Ese film basado en la novela homónima de Hugo Wast (o Gustavo Martínez Zuviría) es “Flor de durazno”. Los amantes del cantante, si pasean por las calles ahora no tan tranquilas del Abasto porteño, pueden ir a esa casa sencilla que fue donde pasó parte de su vida. Allí figura toda su historia filmográfica que se exhibe al público ávido de tango.

Esa película se había rodado en la localidad de Dolores, pegada a San Esteban, al norte del Valle de Punilla. La dirección la realizó Francisco Defilipis Novoa, el guión lo escribió Wast y la fotografía (bella por cierto), estuvo a cargo de Francisco Mayrhoffer.

Los protagonistas de esa joya histórica de nuestro cine fueron, el propio Carlos Gardel, Ilde Pirovano, Diego Figueroa, Celestino Petray, Argentino Gómez, Pascual Costa, Rosa Bozán, Francisco Amerises y Silvia Parodi.

El estreno se produjo un 28 de septiembre de 1917 en el Cine Coliseo de Buenos Aires, con la producción de Federico Valle, siendo el sello de ese entonces: Patria Film. Claro está que tanto en la ciudad capital de nuestro país, como en la pintoresca Dolores de Punilla, entre junio y julio de 1917 el rodaje de tan valiosa obra del cine, tuvo sus colores de época que deambularon por las sierras cordobesas.

La  adaptación al cine estuvo estrictamente ceñida a la novela  y mantuvo los contrastes entre lo rural y lo urbano, como dos categorías opuestas y contradictorias. El film fue dirigido por el citado Defilippis Novoa, perteneciente a la corriente de autores que intentaron otorgar mayor profundidad al teatro nacional e  impuso algunas limitaciones propias a los que privilegiaban las obras de nivel popular, y que luego se dedicaron al cine. El prestigioso fotógrafo italiano Francisco Mayrhoffer prefirió grabaciones en el exterior, por razones de iluminación, lo que permitió un buen nivel técnico. La actuación de Carlos Gardel, se destacó por su gran capacidad gestual, condición determinante para el cine mudo.

Tres días antes de su estreno, la película fue proyectada para la prensa y el 28 de septiembre se realizó la presentación oficial. El Diario La Nación, el 30 de septiembre de ese año, definía a Flor de Durazno como: “Una bellísima y sentimental novela del Dr. G. Martínez Zuviría,  que había  sido adaptada a la escena cinematográfica por el Sr. F. Defilippis Novoa, en forma tal que nuestra prensa y conocedores del arte, la consideran como la más completa y feliz de las obras de ésta índole realizada en el país”.